miércoles, 16 de mayo de 2012

Día 5. De Sahagún a León.

La mañana está fresquita cuando salgo del hotel, no creo que llegue ni a 10 grados. Parece que va a cambiar el tiempo, y el cielo ya no se ve tan limpio como estos días atrás. Han aparecido algunas nubes altas y deshilachadas, y aquella agradable brisa que me venía empujando desde Burgos, ahora sopla del Norte y con algo mas de intensidad. Pero nada preocupante, de momento.




La etapa de hoy creo que va a ser la mas larga. Iré hasta León, y serán algo mas de 60 kilómetros, lo mismo que ayer.

A la salida de Sahagún se cruza el río Cea por el Puente Canto, donde hay un bonito cruceiro.
 
Sahagún. Puente Canto

A los cuatro kilómetros, y después de atravesar la carretera N-120 por una peligrosa rotonda, se llega a una bifurcación donde puedes elegir entre continuar recto hacia Bercianos del Camino y El Burgo Ranero, o ir a la derecha, hacia Calzada del Coto y Calzadilla de los Hermanillos. La primera alternativa discurre por un andadero paralelo a la N-120. La segunda, solitaria y por la Vía Trajana, se interna por zonas de monte bajo, matorral y pequeños bosques. Ambas rutas se juntan de nuevo en Mansilla de las Mulas, a 35 km.
Por supuesto, elijo la segunda.


La Vía Trajana
Aunque no sé si la elección fue la mas acertada. La Vía Trajana, al igual que ayer la Aquitana, está llena de pequeños cantos rodados que hacen muy incómodo el pedaleo.

El traqueteo se nota sobre todo en los brazos....¡y en el culo!  Menos mal que el culotte que llevo puesto tiene almohadilla...

En un momento dado, paré la marcha y, sin bajar de la bici, me dispuse a dejar constancia de lo mal que estaba el piso para pedalear, echándole una foto. Tenía los auriculares puestos a todo volumen y no me enteraba de nada. De repente, sin verlo venir, aparece un tipo en moto a toda caña, y me doy cuenta cuando ya lo tengo encima. Del susto que me pego, y al echarme hacia atrás, me clavo la catalina en la pantorrilla y me sale la cámara volando para acabar pegando contra los dichosos cantos rodados de la Vía Trajana.

Ya me quedé sin cámara, pienso. Pero no. Tuve suerte. Solo tenía un rasguño en un lateral y parecía que funcionaba perfectamente. Así que reanudo la marcha acordándome de algún que otro familiar del tipo de la moto. ¡Y que no me lo encuentre en el siguiente pueblo! grrrr


El paisaje va cambiando poco a poco. Por aquí ya no es todo tan llano como en la Tierra de Campos palentina. Hay repechos, bajadas a los ríos, mas repechos....aunque todo muy suave. La tierra es mas rojiza, y aparecen ya los primeros viñedos mezclados con cultivos de cereales. Es el Páramo leonés.

Reliegos








Desde Calzadilla de los Hermanillos hasta Reliegos hay unos 18 km sin pasar por ninguna población. Pedaleo pausadamente, el cansancio empieza a acumularse en las piernas. Llevo ya cuatro días pedaleando y la verdad que no estoy acostumbrado a tanto trote. Pero hay que seguir...


 
En Reliegos paré en el bar La Torre, regentado por Senín, otro personaje curioso del Camino de Santiago, con el que estuve comentando el hecho por el que Reliegos pasó a la Historia: aquí cayó en 1947 un meteorito en plena calle Real, justo al lado de la casa de la abuela de Senín. El tipo llevaba puesta una boina tipo txapela, y no paraba de hablar. Por lo visto, es bastante conocido entre los peregrinos. El bar estaba lleno de grafittis tanto por dentro como por fuera, y me paré un buen rato leyendo muchos de ellos. Luego, como ya picaba el hambre, Senín me hizo unos huevos fritos con chorizo que me supieron a gloria.















Los huevos, un par de cañas, un café y la conversación con Senín, todo por cinco euros. Mas no se puede pedir.



Un rato bajo unos chopos para descansar la comida, y arranco hacia Mansilla de las Mulas, a donde llego en menos de media hora. Me llaman la atención las murallas hechas de cal y cantos rodados, y un bonito monumento-homenaje a los peregrinos que está justo antes de entrar por la Puerta del Castillo.



Mansilla de las Mulas







Después de callejear un poco por Mansilla, enfilo hacia León, pues aún me quedaba por hacer un tercio de la etapa. Hasta Puente Villarente es practicamente llano. Aquí también paré un buen rato a orillas del río Porma, a tomar el sol tumbado en la hierba y escuchando música. Un plan muy relajante...

Los 13 kilómetros que me quedaban hasta León sí que no fueron nada relajantes. Primero una buena cuesta hasta Arcahueja, que tiraba de...una oreja, y luego varios toboganes hasta un alto, para llegar a un polígono industrial a las afueras de León. Este tramo no me gustó mucho. Se nota la presencia de la gran ciudad, hay mucho tráfico, mucha nave, mucho cruce y mucha rotonda. Además, el Camino va todo el rato muy pegado a la carretera.

En León me voy a dar una vuelta por el centro antes de buscar el hotel. Estuve viendo las Murallas, el Barrio Húmedo, la Plaza Mayor y el Ayuntamiento, y, como no, la impresionante Catedral gótica, donde conocí a Marlene, una brasileña que también hacía el Camino de Santiago en bicicleta.


Ayuntamiento de León

     

Murallas










León. Hostal Londres

Luego me fuí hasta el Hostal Londres, donde había reservado habitación por 22 euros. Estaba bastante céntrico pero dejaba mucho que desear. La habitación, pequeña y asimétrica, daba a un sucio patio interior, y todo estaba muy viejo y sobado. Fue el peor de los seis hoteles que utilicé en este viaje.

El cuenta-kilómetros marcaba 62 km. recorridos desde Sahagún cuando guardé la bicicleta en el sótano del hotel. Estaba cansado pero, después de ducharme y cambiarme, bajé a cenar al Barrio Húmedo, una zona llena de tascas y restaurantes, y con un gran ambiente.
Basílica de San Isidoro

Catedral de León

De vuelta al hotel, me pasé otra vez por la Catedral y luego por la Basílica de San Isidoro, y como estaba abierta, allí estuve un buen rato sentado en un banco y pensando en mis cosas. Fue otro momento muy relajante...


Me acuesto al filo de la medianoche. La etapa de hoy no estuvo nada mal, pero la que me espera para mañana, hasta Astorga, tampoco tiene mala pinta. Veremos.


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