Como la carrera es a las 2 no me doy prisa en levantarme, y después de desayunar vuelvo otra vez hasta el centro. Quería ver la Catedral por dentro y alguna otra cosilla mas que no había visto el día anterior.
Justo cuando las campanas de la Catedral tocaban las doce del mediodía, arranco a pedalear y empiezo a seguir las flechas amarillas que me acompañarán hasta Ponferrada.
Tenía pensado ver la carrera en Hornillos del Camino, que queda a unos 22 km del centro de Burgos, o sea que iba sobrado, pensaba yo, pero al final llegué justo a tiempo. Eso sí, paré un buen rato en Tardajos y otro en Rabé de las Calzadas, un pueblo muy bonito, y callejeé un poco por sus calles.
| Rabé de las Calzadas |
| Iglesia de Tardajos |
En el único bar de Hornillos resulta que no tenían televisión, por lo que me olvido de la carrera, y me voy a comer un bocata al lado de la iglesia. Luego, ya en marcha, me acordé de que tenía radio en el MP3, y pude ir oyendo el mano a mano entre Alonso y Maldonado, que al final se llevó el colombiano.
| Albergue San-Bol |
Voy pedaleando relajadamente. Empiezo a disfrutar realmente de la "aventura" en la que me he metido. El terreno es favorable y hasta la ligera brisa que sopla también colabora, porque también va hacia Santiago, como yo. Voy escuchando música y admirando el paisaje. Sin mas. Sin pensar en nada. ¡Bien! .Eso es lo que quería.
En el albergue de San-Bol, un oasis en medio de la nada, me entretengo una media hora charlando con la hospitalera, una peruana muy simpática. El sitio es ideal para finalizar la etapa y quedarse aquí a dormir pero yo tengo que continuar hasta Castrojeriz.
Vuelvo a la pista y sigo pedaleando. El sol lleva todo el día pegando duro, y San Bol fue el único sitio donde estuve un poco a la sombra desde que salí de Burgos. Por eso digo que es un oasis. Pero aún así, me estoy quemando...
Unos kilómetros mas adelante, ya cerca de Castrojeriz, se encuentran las ruinas del Convento de San Antón, bajo cuyos arcos pasa la carretera. La comunidad de frailes aquí instalada, de la orden antoniana y obediente a la regla de San Agustín, fue fundada en 1146 por Alfonso VII como consecuencia de la fama adquirida por los médicos de la orden en la cura del llamado "mal de San Antón" o "fuego sacro", una gangrena provocada por el cornezuelo del centeno, muy extendida en Europa y, por tanto, por la ruta de la peregrinación.
Castrojeriz es el último pueblo burgalés en el Camino de Santiago. De origen romano (dicen que fue fundada por el propio Julio César), se esparce en forma de media luna por las faldas de un cerro que domina un primitivo castillo. Esta población desempeñó un importante papel en la historia de Castilla.
A la entrada del pueblo lo primero que te encuentras es la Colegiata de Santa María del Manzano, de imponentes dimensiones y aspecto de fortaleza. Mas adelante, se atraviesa el casco antiguo por la calle Real, de mas de un kilómetro de longitud. Aquí tenía yo concertado mi segundo "albergue": el Hotel La Cachava. Después de registrarme y pagar la estancia (28 €), dejo las alforjas en la habitación y me voy hasta el Castillo.
Desde aquí arriba, con el pueblo a mis pies, tengo una magnífica vista de la llanura castellana. Hacia el Oeste puedo ver la cuesta que me espera para mañana: el Teso de Mostelares. Bah!, pienso, eso no es nada comparado con la subida al Cebreiro. Ni me preocupa. Lo que me preocupa es ir a cenar. Tengo un hambreeee...
Así que, después de curiosear un rato por las ruinas del Castillo, bajo a toda velocidad hasta el pueblo y.... fue entonces cuando tuve "el espejismo del asador".
Resulta que cuando bajaba por una de las calles, me pareció ver el típico asador castellano, con muy buena pinta por cierto, y con el hambre que llevaba enseguida pensé: nada, me voy al hotel a cambiarme y me vengo a este asador a comerme un buen chuletón...¡¡hummm!! Y así lo hice. Fui al hotel, guardé la bici, me dí una buena ducha y bajé directo al asador, con el chuletón entre ceja y ceja....
Pues bien, estuve buscando el maldito asador por todo el pueblo durante mas de una hora. Me recorrí Castrojeriz de arriba abajo dos o tres veces. Fui mirando calle por calle y el asador que no aparecía. Además, ya no había nadie por las calles a quien preguntar.
Se había hecho ya de noche, y, medio mosqueado, volví hasta el hotel con la esperanza de que aún tuvieran abierto el comedor. ¿Será posible? ¿Sería en otro pueblo?, me iba preguntando.
- Hola, ¿está abierto el comedor?
- No, ya hemos cerrado, pero si quieres te hago un bocadillo.
-Te lo agradezco, pero quería cenar algo de carne. Llevo una hora buscando el asador pero no lo doy encontrado.
- ¿Que asador? Aquí en Castrojeriz no hay ningún asador, debiste alucinar.
- Sí, ¡del hambre que tengo! jajaja
- Hay un bar aquí cerca, mira a ver si aún está abierto....
Y allí me fuí. Menos mal que todavía estaba abierto y disfruté, nunca mejor dicho, de una buena cena a base de sopa de ajo, carne asada, yogurt, café y chupito (12€). El sitio era un poco especial. El techo estaba completamente decorado con billetes de un montón de países, que han ido dejando los peregrinos a lo largo de los años. En una de las paredes había unas marcas misteriosas que, según la posadera, aparecían y desaparecían sin ninguna explicación lógica. Le llamaba "la señora"....
- Yo, algunas veces, cuando me levanto por la mañana y veo a la señora ahí en la pared....cojo un estropajo, o una lija, y rasco y rasco...hasta que ya no se la ve. Pero al cabo de unos días, ¡vuelve a aparecer! Me tiene frita, ahora ya la dejo por imposible.
- Pues a mí me parece la cara de un inquisidor....
El día no dió para mas. El cuenta-kilómetros marcaba 51 kilómetros y medio cuando dejé la bici en el hotel. No está mal para ser la primera etapa. Me voy hasta la Plaza Mayor a fumar un cigarrito y a llamar a casa. Y después, ¡de cabeza a la cama!.
A ver mañana que tal...
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